Toná
Origen e historia La toná tiene su antecedente inmediato en los romances castellanos medievales —las narraciones versificadas de tradición oral que recorrían toda la Península desde la Edad Media— que los gitanos de la baja Andalucía fueron asimilando y transformando en un cante propio, llamado popularmente «corrío» o «corrido», durante el siglo XVIII. Según la datación más aceptada, la toná como cante flamenco definido comenzó a cristalizar en torno a 1770, simultáneamente en Jerez de la Frontera y en el barrio sevillano de Triana, los dos núcleos históricos del flamenco más antiguo, y en la figura de cantaores gitanos como El Planeta y el Tío Rivas, considerados sus primeros practicantes documentados. A principios del siglo XIX, los estudiosos calculan que existían hasta 33 clases diferentes de toná, cada una identificada con el nombre del cantaor que la había creado o popularizado y diferenciada de las demás únicamente por la letra, ya que todas compartían la misma línea melódica.
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